miércoles, 29 de julio de 2009

A reinventar la innovación agrícola

Autor: EDUARDO LORA

A menos que haya una nueva revolución verde, habrá una nueva crisis mundial de alimentos. Además de elevar los rendimientos, será necesario ahorrar agua y energía, usar menos fertilizantes y evitar riesgos de salud.

La innovación agrícola ha sido víctima de su propio éxito. Gracias a la efectividad de los avances agrícolas del siglo veinte, los gobiernos optaron por ignorar el riesgo de la escasez de alimentos.

La tendencia de descenso de los precios relativos de los productos básicos, de que hablaba insistentemente Raúl Prebisch a mediados del siglo pasado, pareció ser cierta mucho tiempo. Después de los aumentos extraordinarios que tuvieron los precios del trigo, el arroz, el café y muchos otros productos agrícolas a comienzos de los setenta, siguió una tendencia a la baja durante más de tres décadas.

Hubo un campanazo de alerta en el primer semestre de 2008. En pocos meses se duplicaron los precios del maíz, la soya y el arroz, y empezó a hablarse de una crisis mundial de alimentos. Pero el estallido de una crisis aún más grande silenció esos temores. Con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre, se inició una caída abrupta de las cotizaciones de todos los productos básicos, no solo los agrícolas.

Aunque llegó a pensarse que los precios regresarían a los deprimidos niveles de comienzos de la década, a duras penas retrocedieron el terreno ganado desde mediados de 2007. Y desde marzo pasado, con los primeros síntomas de recuperación de la demanda en China y otros países en desarrollo, algunos productos han vuelto a tener aumentos importantes. A medida que se afiance la recuperación, esas tendencias ganarán fuerza, puesto que muchas inversiones agrícolas fueron aplazadas durante la crisis y, sobre todo, porque las tecnologías agrícolas están estancadas en muchos países.

El liderazgo de la investigación agrícola ha quedado en manos de unas pocas empresas transnacionales que se han concentrado en producir transgénicos para los grandes países productores. Las investigaciones agrícolas financiadas por los sectores públicos nacionales o por programas de cooperación internacional, como el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR, por su sigla en inglés), han perdido importancia a nivel mundial, y con ello se han abierto enormes brechas de productividad entre unos pocos países avanzados tecnológicamente y el resto.

Brasil es uno de los pocos países que ha aumentado recientemente sus esfuerzos públicos de innovación agrícola. La Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa) es uno de los institutos nacionales de investigación agrícola más grandes del mundo. Gracias a un presupuesto de US$600 millones, Brasil está en una posición envidiable dentro de América Latina.

Decenas de estudios han demostrado que la inversión en investigación agrícola genera retornos económicos de 20% a 40%. Pero la inversión pública en innovación es poco atractiva políticamente, porque supone muchos riesgos y toma tiempo en generar resultados. También conspiran contra la inversión pública los problemas fiscales recurrentes, la falta de gobernabilidad y las políticas de intervención en los mercados agrícolas.

América Latina está hoy mejor posicionada para beneficiarse de una explosión en innovación pues todas estas restricciones son menos severas que en el pasado. Además, han resurgido las fuentes internacionales de cooperación. En respuesta a los aumentos de precios agrícolas de 2008 el Banco Mundial y el BID crearon líneas de crédito para innovación agrícola, y grandes donantes, como la Fundación Gates, decidieron invertir en este campo en la región.

La nueva revolución verde tendrá que buscar no sólo mayores rendimientos agrícolas, sino ahorros de agua y energía, menor uso de fertilizantes y reducciones de los riesgos de salud de los productores y consumidores. Reinventar la innovación agrícola es una de las grandes oportunidades que tiene América Latina para acelerar su desarrollo económico y social.

Tomado de Revista Dinero

http://www.dinero.com/noticias-columnistas/reinventar-innovacion-agricola/61590.aspx

martes, 14 de julio de 2009

Bill Gates idea un sistema para detener huracanes

Tomado de:
http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=40106&origen=notiweb

Parece que Gates está rebosante de ideas, a juzgar por la cantidad de patentes que ha solicitado en los últimos años. Pero su último invento es faraónico: un sistema para detener huracanes como el 'Katrina'.

Según informa
TechFlash, el blog de tecnología de Puget Sound Business Journal, un diario de Seattle (EE.UU.), en la patente están implicados otros 'cerebros' de Microsoft. El sistema consistiría en enfriar las aguas superficiales de la zona marina en la que se generan los violentos huracanes. ¿Cómo? Sólo Bill Gates podría hacerlo: contratando una flota de cientos de buques que se situarían en la ruta del huracán para revolver el agua mediante un sistema de tubos con el fin de mezclar las aguas frías profundas con las aguas cálidas superficiales, enfriando estas últimas.

Uno de los requisitos para que se formen los huracanes es que la superficie del mar sobre la que pasan sea cálida. A mayor temperatura, especialmente en un contexto de calentamiento climático, los científicos prevén que los huracanes serán cada vez más intensos y frecuentes. Enfriar el clima o las aguas superficiales del mar es una solución teórica propuesta ya con anterioridad que sin embargo se enfrenta, como muchas otras ideas de geoingeniería -intervención humana para alterar sistemas naturales mediante la tecnología-, a problemas de inviabilidad económica y consecuencias peligrosamente imprevisibles.

El citado sistema de tubos constituye una de las cinco patentes recién hechas públicas. Pero tamaña tarea no sería financiada por uno de los hombres más ricos del mundo: los inventores también ha pergeñado un sistema de financiación de los buques mediante los seguros contra huracanes, además de apoyo público.

Se cree que éstas y otras ideas nacen de las reuniones que periódicamente celebra
Intellectual Ventures, una empresa de patentes e inventos dirigida por Nathan MyHrvold, ex jefe de tecnología de Microsoft, y a la que está vinculado también Bill Gates.