Este artículo sustenta la tesis de que en Colombia para lograr un desarrollo económico sostenible, con crecimientos superiores al 5% del PIB, se requiere fortalecer el desarrollo científico y tecnológico, y activar los procesos hacia la innovación, con el objeto de poseer un conocimiento propio que permita darle valor agregado a nuestros recursos y productos y crear la nueva industria nacional de base tecnológica.
Nuestro país dedica apenas un 0,37% de su PIB para ciencia, tecnología e innovación, lo cula es en absoluto insuficiente. Los países más avanzados del mundo emplean entre el 2 y el 5% de su PIB y en países latinoamericanos como Brasil la cifra llega al 1,2% y Chile al 1%.
Por la construcción de una sociedad del conocimiento
Jaime Restrepo Cuartas Colombia requiere construir una sociedad basada en el conocimiento, para lograr una mayor capacidad competitiva en el mundo moderno y tener un crecimiento productivo sostenido que nos permita resolver los problemas de inequidad social hoy existentes. Para ello estamos proponiendo la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que oriente las políticas de investigación, coordine la labor de los integrantes del sistema, establezca los nexos del desarrollo científico y tecnológico con la solución de los problemas nacionales y organice un modelo sistémico en el cual todos los actores (centros de investigación públicos y privados, sean o no de las universidades, parques de la ciencia y la tecnología e incubadoras de empresas), jueguen un papel en el desarrollo de la nueva sociedad.
Nuestra economía, que había tenido una crisis grave en 1999, y cuyo Producto Interno Bruto (PIB), cayó a menos 4%, viene creciendo a tasas superiores al 5%, y seguramente llegará a un promedio del 6% durante el año 2006, por efecto de una mayor seguridad para los ciudadanos, mejores niveles de inversión tanto nacional como internacional y una reactivación de la construcción, las obras públicas, el comercio, el turismo y el fortalecimiento de una economía basada en la extracción (desafortunadamente simple) de los recursos naturales existentes y de la actividad tradicional de la producción agropecuaria. Sin embargo, crecer a tasas mayores, de una manera sostenida, y competir con los países más avanzados del mundo en el periodo de la globalización de las economías, exige que seamos capaces de darle valor agregado a nuestros recursos y productos, y para ello es indispensable fortalecer el saber científico y propiciar el desarrollo tecnológico y la innovación. Si logramos un mayor conocimiento sobre nuestros recursos naturales y la biodiversidad y cerramos el ciclo entre investigación básica y aplicada, propiciaremos el desarrollo de nuevas tecnologías y el camino hacia la innovación. Nosotros estamos acostumbrados a exportar nuestros recursos naturales y nuestros productos agropecuarios sin darles ningún valor adicional. De este modo, a lo largo de la historia, hemos extraído el petróleo, el oro, el níquel y el carbón o hemos sembrado, cosechado y exportado el café, el banano y las flores.
Tenemos una economía simple de mineros y agricultores que extraen los minerales o laboran la tierra de una manera artesanal y precaria, sin que la riqueza que tienen entre sus manos contribuya al mejoramiento de sus condiciones de vida. Por eso, el enriquecimiento de unos pocos se traduce en la inequidad de las mayorías. Así ha ocurrido siempre. De lo que se trata en una sociedad del conocimiento es de fortalecer nuestra investigación, para que esos productos se transformen en las manos de nuestro pueblo y podamos refinar y extraer los subproductos del petróleo y el gas natural; convertir el oro en joyas y darle otros usos con base en los avances de la nanotecnología; obtener del carbón nuevas fuentes de energía y elementos para la conductividad; transformar el banano en otros productos como harinas y alimentos concentrados y usarlo para producir alcoholes carburantes; introducir a la comercialización variedades genéticamente mejoradas de flores y patentarlas para no tener que pagar regalías a otras naciones por especies que son nativas de nuestro territorio, e invertir en nuevas fuentes de energía como el alcohol, el biodisel, la energía hidráulica, la eólica o la solar, para suplir la ausencia en el futuro de los recursos naturales no renovables. Colombia tuvo su florecimiento industrial en la primera mitad del siglo XX y las grandes empresas que dieron origen a nuestro desarrollo se limitaron a los textiles, las gaseosas, las cervezas o el procesamiento de algunos productos como el cacao, la locería y el cemento. Miles de obreros se vincularon a las fábricas y hubo un cierto auge del empleo. Pero los procesos de modernización han entrado a cuentagotas y ello ha propiciado la quiebra de muchas empresas que han tenido que ser subsidiadas por el Estado o que han visto cómo se cierran sus fábricas, lo que ha significado que muchos de los obreros pierdan su empleo y la pobreza ronde los inauditos niveles del 50% de la población.
La industria nacional colombiana, con muy pocas excepciones, no ha cifrado su modernización tecnológica en el desarrollo de la investigación, sino en la renovación de maquinaria industrial o en la compra de tecnologías, que se obtienen a altos costos en los países más avanzados, y sobre esa base ha logrado una discreta reactivación que se sostiene con grandes dificultades. Nuestra industria textil apenas sobrevive con la fusión entre las antiguas competidoras, las cervecerías hay que venderlas a la competencia internacional y las demás industrias que permanecen, es porque han logrado mantener su condición de monopolios. El desempleo ha llegado en los últimos años a tasas cercanas al 20% y si se ha logrado una disminución en los últimos años, ha sido fundamentalmente porque se han disminuido los índices de la violencia armada, se ha incrementado la inversión y se han reactivado áreas como el turismo y la construcción. Pero lo que prevalece es el empleo informal del rebusque y el empleo temporal de la construcción. El desempleo global sigue siendo del 12% y el informal del 35%, lo que no garantiza mejores ingresos y niveles adecuados de seguridad social. El empleo estable para los colombianos, con mejores ingresos, más calidad de vida y una verdadera seguridad social, lo da la nueva industria nacional de base tecnológica, que otorgue valor agregado a nuestros recursos naturales y a nuestros productos agropecuarios, que incentive la producción de software y las tecnologías de la información y la comunicación, y que haga que la prestación de los servicios en los cuales nos hemos destacado, como los de salud, energía y agua potable, tengan el suficiente respaldo científico que mantenga la calidad y nos haga competitivos. La nueva industria nacional dará empleo estable, y éste garantizará mejor calidad de vida y nos llevará hacia la equidad y la igualdad sociales. Ése es el camino hacia las oportunidades, el único que permite la disminución de la pobreza y la indigencia. Los países industrializados y los de más reciente industrialización dedican notables esfuerzos a estimular y consolidar su desarrollo científico y tecnológico, en proporciones superiores al 2,5% de su PIB en actividades de I+D+I (Israel más del 4%, Suecia el 5% y Japón o Finlandia el 3%). De este monto, la contribución del sector privado puede llegar al 60%, lo que no ocurre entre nosotros, que apenas invertimos un 0,37% del PIB en Ciencia, Tecnología e Innovación y en donde apenas sí logramos el 16% de participación privada.
La aplicación de recursos en I+D+I fortalecerá cada vez más la competitividad, por el valor agregado que generan el conocimiento científico, la tecnología y la innovación. En los países de reciente industrialización como China, Corea o Taiwán, la inversión pública ha sido el motor del desarrollo del sector de I+D+I, y ha sido progresivamente complementada por la inversión privada, a medida que la industria adquiere un mayor nivel de sofisticación. China, por ejemplo, con una inversión del 2% de su PIB en ciencia, tecnología e innovación, ha tenido un crecimiento sostenido en su productividad de más del 10% por año durante varios años; y Corea, pasó de ser un país eminentemente agrícola, con un PIB inferior al de Colombia hace 35 años, a convertirse en una nación industrializada, dueña de su propia tecnología en sectores de punta. Según cifras de la Comisión Europea, Japón destina recursos del 3% de su PIB en I+D+I y Estados Unidos invierte el 2,8%. La Unión Europea ha incrementado al 2,3% este presupuesto y Chile, recientemente, ha tomado la decisión de aumentarlo del 0,7% al 1%. En estos casos y en otros bien conocidos como la India, Israel o Irlanda, el desarrollo económico, acelerado en los últimos años, ha sido fruto de decisiones políticas audaces que implicaron dar una altísima prioridad a los temas de Educación, Investigación y Desarrollo. Mientras Estados Unidos y Japón invierten en I+D+I por habitante al año entre US $1.500 y US $900 respectivamente, en Colombia la inversión por habitante al año es apenas de US $20 (cerca de 900.000.000 millones de pesos). El compilado de nuestras exportaciones proviene en su mayoría de los sectores primario y secundario, porque somos un país marginal en el desarrollo científico. Esa es la razón para que apenas tengamos unas 2700 personas con título de doctorado (pHD), las patentes obtenidas al año sean insignificantes y de poco valor agregado, y poseamos índices bajos en la publicación de artículos en revistas arbitradas internacionales de casi toda América Latina, por debajo de países como Brasil, México, Chile, Argentina y Venezuela. Latinoamérica es una región privilegiada por sus recursos naturales y la capacidad de su pueblo en ingenio y sagacidad, pero en inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación no hemos aprendido la lección; dedicamos muy pocos recursos, y al contrario de lo esperado, cuando tenemos dificultades, sometemos estos recursos a recortes frecuentes.
Eso explica que Colciencias tenga un presupuesto de 79.000 millones de pesos en el año 2006, inferior al que una sola universidad, la de Antioquia, dedica ella sola a la investigación. Por eso, cada día aumentan las diferencias económicas entre los sectores de la sociedad, y entre nuestro país y los países avanzados, y por supuesto, es por ello que prevalecen la desigualdad y la crisis social. En este momento, cuando se requiere enfrentar los retos propiciados por la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y con otros países, la respuesta debe ser la de consolidar aún más los estímulos a la inversión en ciencia, tecnología e innovación, propiciar la formación profesional y de posgrados al más alto nivel y fortalecer los sectores que tengan que ver con la formación de técnicos y tecnólogos. Una sociedad que investigue sus principales problemas y necesidades, forme el capital humano necesario, construya un modelo sistémico de ciencia, tecnología e innovación y aúne esfuerzos con el sector empresarial, podrá desarrollar la nueva industria nacional de base tecnológica y construir un país con tasas de crecimiento anual del 10%. Así, alcanzará los recursos necesarios para establecer la equidad social y la igualdad de oportunidades para los colombianos. Por eso la propuesta que debe presentarse en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo, es que el país invierta antes del 2010, por lo menos un 1% de su PIB en ciencia, tecnología e innovación (3,3 billones de pesos), buscando la coparticipación entre el sector público y el privado. De ese modo lograremos construir una verdadera comunidad científica. De acuerdo con esta idea, estamos proponiendo que se duplique año tras año el presupuesto de Colciencias, que buscamos se transforme en el nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, para que por su conducto el país tenga por lo menos un 0,5 % de su PIB dedicado a estas áreas, lo que puede representar un billón seiscientos mil millones de pesos. La cifra restante hasta completar los tres billones, trescientos mil millones de pesos, serían aportadas por las universidades y los centros de investigación públicos y privados del país. Solo por medio del conocimiento científico, como lo decía Kofi Anann, un país como el nuestro podrá hablarles con dignidad a los países más avanzados del mundo.
Tomado de la Página Web de Jaime Restrepo Cuartas
http://www.jaimerestrepocuartas.net

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